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General
Drogaba a bebés de la guardería para ir a hacer crossfit
Una mujer de Oregon de 32 años, fue sentenciada a más de 21 años en prisión tras manejar una guardería ilegalmente por 4 años, y drogar a bebés para que durmieran mientras ella los dejaba solos, para ir al gimnasio y a la cama de bronceado.
En el centro de cuidado infantil “Little Giggles”, en Bend Oregon, los padres tenían una regla: no recoger ni llevar a sus hijos entre las 11 de la mañana y las 2 de la tarde, pues era “la hora de la siesta”.

Eso era lo que January Neatherlin, de 32 años, les decía, y era una mentira. Tal como era mentira que ella fuera una enfermera certificada, con las calificaciones necesarias para administrar una guardería.

Lo cierto, descubrió la policía de Oregon el año pasado, es que Neatherlin no solo no era enfermera, sino que la supuesta hora de la siesta era la hora en que ella dejaba a bebés de hasta 6 meses solos, desatendidos durante horas, para ir a hacer diligencias personales.

Con el fin de que los menores no despertaran y se hicieran daños al estar solos en casa, la mujer les administraba melatonina, la hormona que facilita el sueño que si bien no ha mostrado tener efectos adversos en bebés, puede tener reacciones con otras condiciones y tratamientos, así como perturbar el ciclo natural de sueño de los niñitos.

El pasado marzo, un exnovio y excompañero de casa de la acusada, dio pista a las autoridades de que algo malo ocurría en esa guardería, ya que Neatherlin mentía mucho, y no era la primera vez, reporta The Oregonian.

Neatherlin tenía una conducta a buscar conseguir lo que quería a como diera lugar, y para ello a veces cayó en actos criminales, por los que tenía antecedentes penales que ocultó a los padres de familia que, ingenuos ante sus mentiras, le confiaban el bienestar de sus hijos.

En febrero, January se declaró culpable de 11 cargos de conducta criminal en primer grado y una agresión en tercer grado, por un incidente de maltrato a un bebé. El pasado viernes, fue sentenciada a 21 años y 4 meses en prisión.

Para los padres, no obstante, “ni 100 años serían suficientes”.


 
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